martes, 5 de abril de 2016

Mi Credo

Creo en Dios Padre,  como también en Dios Madre.
Creo en el Dios de toda humildad, de toda humillación, en el Dios de toda mansedumbre, en el Dios que se engrandece en la debilidad de su pueblo. Creo en Dios Creador de toda belleza, del cantar de los pájaros, de las dulces frutas, de la pasión desbordante de los amantes, del beso tímido, del calor de hogar.  Creo en Dios Madre Creadora de la voluntad popular, de las protesta justa, de la aurora boreal, de la noche tibia.
Creo en  Jesús de Nazaret, su hijo. Nuestro compañero, nuestro hermano, nuestro igual, que nació de la joven María. Mujer silenciada y apartada de la sociedad, por las normas patriarcales de su tiempo. Pero que su hijo Jesús dignifico y dio voz.
Creo  en Jesús de Nazaret, quien padeció la persecución del templo, el statu quo, la norma, la ley, los sacerdotes, el dinero, el imperio. Creo en Jesús perseguido, torturado, silenciado, asesinado. Creo en Jesús hombre, en Jesús pobre, en Jesús injustamente sentenciado, en Jesús coartado por visiones miopes y estatutarias.
Creo en Jesús crucificado y creo Jesús resucitado. Resucitado en la sonrisa de los niños, en la justicia hacia los pisoteados por un mercado voraz, de los que vuelven del exilio, de los que se liberan del consumo, de los que día a día aman vivir.
Creo en Jesús resucitado y sentado a la izquierda de Dios toda Misericordia y desde allí nos llama a trabajar aquí y ahora en la construcción de su desclasado reino de amor. Creo que acudirá pronto a disfrutar de su banquete prometido.
Creo en su Gracia y gratuita entrega por este planeta.
Creo en el espíritu santo que ronda cual soplo cada calle, hogar, prostíbulo, mercado, campo, cárcel, palacio y rancho. Creo en luchas locales y un espíritu en común.
Creo en la comunión de los santos y santas, cuando aquellos y aquellas sólo buscan la Gracia de Dios y las ultimas bancas del templo. Creo en una santa iglesia, cuando esa santa iglesia se aleja del dinero, no negocia evangelio por euros, cuando camina por las calles y evita reuniones rimbombantes. Creo en la santa iglesia cristiana, cuando realmente es iglesia y renace semana a semana en el culto fraternal. Creo en la iglesia cristiana cuando tiene más dudas que verdades absolutas. Creo en una santa iglesia cristiana cuando no juzga, sino más bien perdona.
Creo en el perdón mutuo y constante.
Creo en la vida digna.
Creo en la vida simple
Creo que tu Dios y mi Dios,  es el mismo Dios ayer, hoy y siempre por los siglos de los siglos.

Amén.