sábado, 9 de enero de 2016

Mall se escribe parecido a Mal (Para mi amigo Andrés, que en más de alguna ocasión me envió al Mall directa o indirectamente)

Un buen amigo me pidió un favor, ya que, se encuentra fuera de la civilización. 

La amistad muchas veces requiere de sacrificios y esta fue una ocasión de esas.

Así que, partí al MALL.

(han notado que MALL se escribe parecido a MAL, sí que lo han notado. ¿Cierto?)

La tarde invitaba a solo caminar por las calles ñuñoinas divagando sobre la vida y sus devenires, conversar en la terraza de algún bar o café, jugar en los parques, fumar lo que quieran fumar, andar en bicicleta, en resumen la tarde esta increíble según mi percepción.

Pero la amistad requiere a veces sacrificios y esta fue una ocasión de esas.

Pues bien, me arme de valor y camine al “MAL” perdón MALL.

Aquel templo del consumo y el neo-liberalismo.

Mientras las puertas automáticas se abrían invitándome a ser parte de la liturgia del crédito y la deuda, pensaba que solo entro a estos lugares cuando debo comprar algo en algún supermercado o acompaño alguien a endeudarse.

Años que no entraba a un MAL perdón MALL.

Y me detenía a reflexionar sobre este templo, lleno de sacerdotisas y sacerdotes vendiendo felicidad envasada, rápida, luminosa y en cuotas.

(Obviamente aquellas sacerdotisas y aquellos sacerdotes son unas victimas más de aquel templo que pide sacrificio. Sacrificios de sudor, sangre y crédito con tasas de intereses que ayudaran a activar la economía nacional y calmar los nervios de los inversionistas)

Ahí estaba yo, en el centro MAL, perdón MALL.

Viendo como los feligreses entraban a los distintos sub-templos llevando sus ofrendas en efectivo, cheque o más práctico aun, en tarjeta, y es mejor, porque acumulan el doble de puntos.
Entre más puntos, el dios consumo les concede algún deseo de satisfacción fugaz: alguna cafetera, una tostadora u otro artefacto que nos durara un par de meses, ahora bien, si es un fiel feligreses y lleva sus ofrendas al día el amoroso dios consumo le dará al pasaje en avión, pero será necesario sacar un crédito para pagar el alojamiento.

El dios consumo lo piensa todo muy bien.

Quiere tener a sus feligreses felices comprando, endeudándose y llenándose de innecesarios artefactos tecnológicos que sólo van ocupando espacios en las repisas que debemos fabricar comprando los materiales en otro templo de consumo, donde nos dicen: “compre acá, endéudese y hágalo Ud. Mismo, no se sienta tan inoperante”.

Es un templo muy bien distribuido, hay lugares para los niños, jóvenes, alguna librería para los intelectuales, cafés. Un lugar mega inclusivo, luminoso y temperado, sólo se pide un requisito caminar por sus pasillos intentar comprar y sentir la satisfacción que nos da el poder adquisitivo.
El dios consumo tiene un envidiable templo de individualismo y felicidad envasada en cuotas.

No pude completar mi misión, lo que fui a buscar estaba agotado.
Por lo que feliz deje el templo, con sus feligreses vestidos para la ocasión, sus sacerdotes y la dinámica del doble de puntos por ofrendas en tarjeta de crédito.

Al salir, mire hacia atrás y recordé porque no me gustan los MAL, perdón MALL, porque los evito.

Es triste ver, como nos hacemos cada vez más individuales y vendemos el alma al consumo.

También lo hago, todos los hacemos.

Hoy por hoy, se hace inevitable no ser parte de ese consumo, pero intento aquel lugar no sea mi templo y no sea el sitio donde comparto sueños y anhelos.


Sí, MALL se escribe parecido MAL y no es casualidad.